PILATES Vicky Timón | Carta 3 – Movimiento por la vida
769
post-template-default,single,single-post,postid-769,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,footer_responsive_adv,qode-theme-ver-13.6,qode-theme-bridge,disabled_footer_bottom,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.5,vc_responsive

Carta 3 – Movimiento por la vida

            Estimados lectores, alumnos, amigos, esta carta parece un eslogan pro vida y no lo es, aunque en parte si, depende de cómo lo mires.

      Toda mi vida, desde que tengo recuerdo, me ha apasionado lo maravilloso que es el cuerpo humano. Su fuerza, elasticidad, flexibilidad, coordinación y resistencia y también la ausencia de las mismas.

 ü  ¿Porqué unas personas se mueven bien y otras no tan bien?

 ü  ¿En que reside la diferencia entre unos y otros?

 ü  ¿Cómo hacer para que el que no percibe el movimiento como algo natural y fluido llegue a entender su cuerpo y a amarlo tanto como para querer moverlo bien y entender lo que antes no entendía?

 ü  ¿Qué es lo que necesita aquel que, teniendo una excelente forma física, se lesiona en su deporte?

ü  ¿Cuál es la manera adecuada de entrenar, en caso de no pertenecer ni a un grupo ni a otro, para mantener la salud a lo largo de toda la vida, que es una maratón de alta resistencia?

         Esas preguntas son mi motor, mi vocación nace con ellas y crece a medida que voy planteándome mas y mas cada día. Son preguntas a las que intento dar respuesta, en algunos aspectos ya estoy lista para examen y en otros todavía en fase de estudio, imagino que será así siempre porque siempre habrá algo que aprender y poner en práctica, siempre habrá un movimiento que observar pues el ser humano vive moviéndose y así nos mantenemos vivos.

            Sin embargo parece que nos hemos olvidado de esto, lo mismo es porque hemos perdido esa carga genética que antaño nos salía por los poros cuando, si no nos movíamos, podíamos ser devorados por un oso cavernario. No hace mucho subíamos mas escaleras, ahora cogemos el ascensor para subir a un segundo piso y también cogemos el coche para ir a hacer la compra, por pequeña que sea o cerca que esté la tienda, se acabó la época dorada de los carritos de la compra.

            Ahora realizamos tareas demasiado repetitivas durante demasiado tiempo, sin descanso, como manejar el ratón del ordenador o teclear en los teléfonos o en la tablet. Pasamos tantas horas haciendo este tipo de cosas que merece la pena invertir en aparatejos para paliar los efectos de las tendinitis de dedos, muñeca, codo y hombro.

            Me pregunto donde han quedado los juegos tradicionales de los niños en el parque, esas pistas de tierra para jugar a las chapas a las que le poníamos las caras de los futbolistas. Los “guas” súper redonditos y con la profundidad justa para sacar las canicas ganadoras… Hay madres que me cuentan que sus hijos todavía juegan a estas cosas pero yo no veo ni a los niños ni los rastros de sus juegos en la calle, la verdad es que también me cuesta ver parques en los que se permita hacer agujeros, el espacio externo se ha convertido en un “prohibido pisar el césped”, “prohibido perros”, “prohibido hacer pistas de chapas” y “prohibido salir de la puerta de tu casa hacia fuera”.

            Si reducimos espacio, reducimos movimiento. Si reducimos movimiento nuestras articulaciones dejan de nutrirse y lubricarse, los tendones se calcifican en cuanto los usamos un poco más porque no están acostumbrados a moverse, se sobrecargan, se lesionan y deciden volverse rígidos para que ya, nunca mas, podamos generar movimiento con ellos. Movimiento, movimiento….

            Aunque la vida haya cambiado, aunque estemos evolucionando hacia el sedentarismo a marcha extremadamente veloz, aunque creas que tu eres de los que se sigue moviendo, dale una vuelta a eso y muévete más pero muévete bien. Usa los dos brazos por igual, realiza movimientos fluidos y amplios, inicia la subida de los escalones cada vez con una pierna, lávate los dientes con una mano un día y al día siguiente con la otra. Tírate al suelo y revuélcate de vez en cuando, sostén el peso de tu cuerpo con los brazos, cuélgate de alguna barra cuando veas columpios e, incluso, tírate por el tobogán. Y, por supuesto, también puedes elegir una actividad deportiva, un tipo de ejercicio que te satisfaga para así programar tu esfuerzo físico y obligarte a hacerlo de manera continua.

 

Un beso a todos¡¡

No hay comentarios

Deja un comentario